viernes, 30 de octubre de 2009

Más para Federico Jeanmaire

Quién es el flamante ganador del Premio Clarín de Novela 2009

El prolífico escritor Federico Jeanmaire ganó la XII edición del Premio Clarín de Novela con "Más liviano que el Aire", su última obra. El jurado aseguró que el público se cautivará con esta tragicomedia negra "desternillante y atroz". El autor remarcó que en lo que será su decimaquinta publicación, busca hacer reflexionar a la audiencia sobre la soledad y la violencia.

El miércoles, en una suntuosa ceremonia realizada en el MALBA, el jurado integrado por los escritores José Saramago, Rosa Montero y Pablo De Santis y el periodista Juan Cruz anunció su dictamen luego de leer 682 originales: los $100.000 del premio quedaron en manos de Federico Jeanmaire.


De 52 años, renombre en el mundo intelectual, pero ignoto para el público en general, Jeanmaire tuvo la noche de la entrega de premios el perfil cliché del escritor en busca de la gloria. Se vistió de manera informal, habló bajo, como pidiendo permiso, y caminó con calma hacia el ostentoso escenario del Malba como si nadie lo apurara. Pero lo que más se destacó, fue su paradójica dificultad para expresarse: "Es difícil hablar ahora, en realidad es difícil hablar siempre", arrancó.

Justamente su novela "Más liviano que el Aire" reconstruye una historia de violencia y amor entre una anciana de 95 años y un hombre muy joven en donde rige la falta de comunicación.


Del mismo modo, causal o casualmente, este hombre tan ducho para expresarse con la palabra escrita, tiene todo un tema con la oral (o con aquella que implica un ida y vuelta). "Escribir, a fuerza de estar solos imaginando cosas, te lleva a darte cuenta de lo que en realidad te importa en la vida. A mí, lo que me interesa es lo solos que vivimos todos y los difícil que nos resulta comunicarnos, y que es esa soledad la que termina por generar violencia".

Luego de varios años de mujeres ganadoras, el Premio Clarín cumplió su cupo masculino y Federico Jeanmaire se llevó la gloria. Un personaje muy interesante para agregar a la lista de nuestros más profundos complejos literarios.

jueves, 29 de octubre de 2009

DOS CANCIONES



El Jugador


Los días cuando pienso que ni dios resiste acá,
me enloquece no encontrarme con tus ojos
Cuando trato de alcanzarte, cuando veo cerca el puñal,
cuando cada día que pasa estoy más loco.

Cuando el tiempo y la distancia no sirven para cerrar
cuando cada paso tuyo no me deja respirar
No me pidas que me aleje ni que deje de tomar
No dejes de respirar entre mi carne.

Cuando miro hacia el pasado prefiero no adjetivar
el estado y las secuelas de mi vida
El recuerdo, tus pupilas, lo que siempre me hizo mal
esa línea que elegi para mi vida.

El entorno, los que yiran y están llenos de dolor
lo que siempre te suplica mi alter ego
El Jugador
Que no cierres hoy el túnel de tus piernas por favor
Dame un beso y yo me olvido las heridas.

Cuando al filo del cuchillo me doy cuenta que al final,
esto no es lo que ensayé para mi vida
No me juzgues!, Perdonáme!
Sé que no aprendí a vivir
Date cuenta sólo brillan los cristales

Y al final de los finales y al final de esta canción
Soy conciente de lo que hice con mi vida
Perdoname por haber vivido tanto y ser así

Las limosnas nunca alcanzan a mi alma.




Me dejaste ir

Hoy entre la gente veo una luz, salgo a respirar
Conectandome encuentro paz

El jardín hoy luce como vos, tan luminoso
Y creo ver ahí, como nunca, tu resplandor.

Y se oyen las voces que salen de tí
Es la libertad lo que vos pedís


Y al ver de nuevo el sol cada mañana
Dibujo entre líneas tu nombre ahí, junto a mi nombre


Y suenan campanas por todo el lugar
Son ecos vacíos
La música viva no te trae a mí
Ya lo ves, no existen obras
que tengan poder

Y se oyen las voces que salen de tí
Estoy en libertad, me dejaste ir
Me dejaste ir...


por Patricio Lange

DOS POEMAS


Así nos quieren

Algo te tiene castrado. Castrado, castrado, castrado
Te quieren con el cerebro muerto y la boca abierta, listo para tragar.

Tragá! Hijo de puta! Pero no pienses. No seas raro. Freak!
Te estamos mirando. No te alejes mucho.

¿Te gusta la droga? Tomá! Tomátela toda!
La dejamos entrar y te sacamos plata.
Rompete la mente y hacenos ricos. Títere!

Así nos quieren.




Resistencia


Yo era niño y resplandecía en la cuadra de mi casa
Escapaba para comprar juguetes, me peleaba en las esquinas
Y escribía el pavimento con mi amigo clandestino

Todo el tiempo me pregunto que pasó con ese niño
Dónde fue que lo mataron, dónde están mis caramelos

Y si sigo caminando, quizás sea por ceguera
Ya ni veo qué me han hecho
Sólo sigo un haz de luz

Maldición! Viejos perros del camino!
Con la rabia indómita me comen las entrañas ya podridas

Muéranse! Animales! Envenenense de mí
Si yo muero me los llevo
Si me quedo los maté.


por Patricio Lange.

martes, 27 de octubre de 2009

Un día hay vida...

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Luego de la muerte de su padre en 1979, Paul Auster empieza a escribir una de sus obras cumbres: La invención de la soledad, dividida en dos capítulos... "Retrato de un hombre invisible" y El libro de la memoria".

En una reflexión de sensaciones cuando llega inesperadamente la muerte, Auster encuentra en su máquina de escribir la manera de mantener vivo a su padre, que se mantenía invisible en vida, "invisible para los demás, y probablemente invisible para sí mismo".

Estas hojas se convierten en uno de los pefiles más logrados de la literatura universal. Y a medida que continúa escribiendo y deshojando su historia, descubre que a su padre lo atormentaba un asesinato vivido en su niñez. Ésta es seguramente la causa de su carácter frío y distante...

"Un día hay vida. Por ejemplo, un hombre de excelente salud, ni siquiera viejo, sin ninguna enfermedad previa. Todo es como era, como será siempre. Pasa un día y otro, ocupándose sólo de sus asuntos y soñando con la vida que le queda por delante. Y entonces, de repente, aparece la muerte. El hombre deja escapar un pequeño suspiro, se desploma en un sillón y muere. Sucede de una forma tan repentina que no hay lugar para la reflexión; la mente no tiene tiempo de encontrar una palabra de consuelo. No nos queda otra cosa, la irreductible certeza de nuestra mortalidad. Podemos aceptar con resignación la muerte que sobreviene después de una larga enfermedad, e incluso la accidental podemos achacarla al destino; pero cuando un hombre muere sin causa aparente, cuando un hombre muere simplemente porque es un hombre, nos acerca tanto a la frontera invisible entre la vida y la muerte que no sabemos de qué lado nos encontramos. La vida se convierte en muerte, y es como si la muerte hubiese sido dueña de la vida durante toda su existencia. Muerte sin previo aviso, o sea, la vida que se detiene. Y puede detenerse en cualquier momento".



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