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jueves, 3 de diciembre de 2009

Diálogo con Agustín Alezzo

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Nos cita a las 20 hs. para la entrevista, y a las 20 en punto estamos tocando el timbre con un pulso un poco tambaleante. Esperamos un rato no muy largo hasta que Agustín llega con sus pasos cortos y su pequeño bastón para abrirnos, acompañado de su perra Negrita...

Las 8 de la noche es un horario un poco raro para juntarse... me preguntaba si merendaríamos o cenaríamos, y para no caer con las manos vacías llegamos con una rica picada, que nos hizo guardar en la cocina porque evidentemente todavía era muy temprano para comer.

Para algunos desprevenidos que no sepan quién es Agustín Alezzo, se lo podría catalogar como director de teatro, pero seguirían sin entender quién es. Alezzo es junto con Augusto Fernández los dos teatristas más grandes que tuvo el país. Tanto como director de teatro como maestro de actores. Es para el teatro lo que Borges fue a la literatura. Respetado y admirado en todo el mundo, es el que recibe las ovaciones de pie por varios minutos en cada entrega de premios (no se puede olvidar la ovación al recibir el ACE a mejor dirección por Rose).

Nos sentamos un rato en un sillón hasta que Negrita marca territorio en su lugar y nos tenemos que correr de asiento. La charla va a arrancan con unas latitas de Quilmes que nos trae, y mientras esperamos que las vaya a buscar, recorremos un poco la casa. Sus cds preferidos parecen ser de música clásica y jazz, especialmente Mozart y Louis Armstrong. Y los dvds deberá tenerlos en otra habitación, aunque acá abundan los vhs de películas clásicas.

Si bien el video tenía que durar menos de 5 minutos, tuve que dejarlo en 20, pensando en todos los amantes de Agustín. Esto no es una entrevista. Lejos de eso, es una lección más del viejo. Pura sabiduría. Disfrutenlo.

Primera parte

Aclaración: en poco tiempo se mejorará el sonido y se van a subir 2 videos más.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Trilogía de Alejandro Dolina

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Si alguien agarra un libro de
Alejandro Dolina y recorre algunas de sus páginas, puede identificar fácilmente quién es el autor. Las mezclas de influencias como Miguel de Unamuno, Carlos Gardel, Humberto Constantini, Platón, Oscar Wilde, Shakespeare o Miguel Ángel, hacen de su relato un estilo único.


Su primer libro fue Crónicas del Ángel gris (1988), un compilado de relatos que en su mayoría habían sido publicados en la revista Humor y se llegaron a vender más de 500.000 ejemplares durante varias ediciones y versiones.

Las diferentes historias giran en torno al Ángel Gris (ya todo un personaje de culto dentro de la literatura argentina), un repartidor de sueños del barrio de Flores. Sus habitantes se pueden dividir en dos grandes personalidades: los Hombres Sensibles y los Refutadores de Leyendas.
Los primeros son los soñadores, los sensibles, los que creen en hadas, fantasmas e historias fantásticas. Los que hacen que las historias puedan desarrollarse. El polígrafo Manuel Mandeb, el poeta Jorge Allen, el músico Ives Castagnino y el "Ruso" Salzman, jugador compulsivo, son algunos de estos personajes (que ya forman parte de sus personajes y se repetirán en otros cuentos y otros libros).
Los Refutadores de Leyendas son personajes suspicaces, racionales y necios. Se dedican a negar todos los episodios fantásticos que ocurren en el barrio.


Hizo esperar a todos los fanáticos, y recién en 1999 sacó su segundo libro: El libro del fantasma. Los relatos pueden leerse como una continuación del anterior. La estética y la temática son parecidas, y el barrio de Flores sigue siendo central, pero se agregan otros relatos fantásticos en China y lugares afines.

El protagonista recibe en la plaza de Devoto la visita de un fantasma escritor recientemente fallecido, que firmó un contrato para escribir un libro y murió sin escribir ni una página. Entonces le pide a este que escriba por él todo lo que quiera para llenar las páginas, y a cambio, le promete el amor de la mujer de su vida.
A lo largo del libro se van desarrollando los relatos, intercalados por este personaje y el fantasma, que va supervisando que todo salga bien.





Por último, llegó el Bar del Infierno (2005), un libro que se inspiró en el programa televisivo que llevaba el mismo nombre en Canal 7.
La acción transcurre en un bar del que no se puede salir, no porque no haya puertas, sino porque no existe el afuera. El narrador de Historias es un hombre condenado a contar un cuento cada noche. Los textos que componen el libro provienen de las copias realizadas por Dimas Santángelo, un anciano que robó los libros al Narrador, cuyos relatos son eternos.
La temática de los relatos siguen a los libros antecesores, principalmente al del fantasma.





Muchos de sus cuentos fueron llevados con muchas ganas a la pantalla. Aquí algunos...

Basado en Carreras secretas




Basado en Las tetas de Devoto


martes, 27 de octubre de 2009

Un día hay vida...

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Luego de la muerte de su padre en 1979, Paul Auster empieza a escribir una de sus obras cumbres: La invención de la soledad, dividida en dos capítulos... "Retrato de un hombre invisible" y El libro de la memoria".

En una reflexión de sensaciones cuando llega inesperadamente la muerte, Auster encuentra en su máquina de escribir la manera de mantener vivo a su padre, que se mantenía invisible en vida, "invisible para los demás, y probablemente invisible para sí mismo".

Estas hojas se convierten en uno de los pefiles más logrados de la literatura universal. Y a medida que continúa escribiendo y deshojando su historia, descubre que a su padre lo atormentaba un asesinato vivido en su niñez. Ésta es seguramente la causa de su carácter frío y distante...

"Un día hay vida. Por ejemplo, un hombre de excelente salud, ni siquiera viejo, sin ninguna enfermedad previa. Todo es como era, como será siempre. Pasa un día y otro, ocupándose sólo de sus asuntos y soñando con la vida que le queda por delante. Y entonces, de repente, aparece la muerte. El hombre deja escapar un pequeño suspiro, se desploma en un sillón y muere. Sucede de una forma tan repentina que no hay lugar para la reflexión; la mente no tiene tiempo de encontrar una palabra de consuelo. No nos queda otra cosa, la irreductible certeza de nuestra mortalidad. Podemos aceptar con resignación la muerte que sobreviene después de una larga enfermedad, e incluso la accidental podemos achacarla al destino; pero cuando un hombre muere sin causa aparente, cuando un hombre muere simplemente porque es un hombre, nos acerca tanto a la frontera invisible entre la vida y la muerte que no sabemos de qué lado nos encontramos. La vida se convierte en muerte, y es como si la muerte hubiese sido dueña de la vida durante toda su existencia. Muerte sin previo aviso, o sea, la vida que se detiene. Y puede detenerse en cualquier momento".







miércoles, 21 de octubre de 2009

El mejor escritor de teatro

Federico García Lorca, el más grande según la encuesta de Complejo Literario




Finalmente, la encuesta en la que participaron 90 personas dio como preferido al español Federico García Lorca como el más grande autor teatral de todos los tiempos con 26 votos.
El controvertido escritor de Granada impuso la fuerza gitana y la belleza de sus palabras poéticas para quedar por encima de William Shakespeare y Tennessee Williams.
Autor de grandes clásicos como Yerma, La casa de Bernarda Alba o Bodas de Sangre, murió ejecutado tras el levantamiento militar de la Guerra Civil Española, por su afinidad al Frente Popular y por ser abiertamente homosexual. Una de sus relaciones más interesantes la llevo adelante con Salvador Dalí.

El podio quedo muy parejo entre estos tres grandes clásicos, seguidos con 25 y 23 votos respectivamente.

Apenas por debajo (17), se asomó en las preferencias el humor inteligente del neoyorquino Woody Allen, creador de grandes obras como Sueños de un seductor.
Detrás están el médico y dramaturgo ruso Chejov (12), el premio Nobel Harold Pinter (11) y el ingles Arthur Millar (11).




Agustín Alezzo, para Complejo Literario
MI PREFERIDO

"Chejov... Lejos. Por la humanidad y la sensibilidad de su escritura. Es mi escritor preferido.

En cuanto al preferido de la gente, García Lorca, me parece un poeta genial, pero el más grande de España fue Valle-Inclán. Ellos dos fueron los más grandes españoles del siglo XX, pero el segundo fue mucho mejor".

jueves, 8 de octubre de 2009

Parte de mi

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Mis padres decidieron irse. En buena hora, un merecido viaje, un descanso sobre la cotidianeidad hilarante del trabajo forzoso. Solo quedaba en la casa mi pequeña hermana, Chole, y yo, que debía cuidarla durante una larga y tediosa semana. Mi labor consistiría básicamente en despertarla, alimentarla, y hacer cumplir sus obligaciones escolares.

Sin previa preparación para mi nueva adaptación, y sin conocimientos culinarios, la situación obligo a que nuestra primera cena tuviera lugar en Loure´s, destacado restaurante del pueblo, donde uno tiene el derecho de comer todo lo que le sienta la gana. Empecé degustando un sabroso plato de fiambres del mediterráneo. Acabado el mismo, este plato seria recargado con distintas ensaladas, en varias tandas. Concluida la primera digestión, seria el turno del plato principal, compuesto por pequeñas muestras de la oferta del chef, y segmentado en cinco platos consecuentes. El postre no tendría importancia, mi satisfacción me lo impedía. Chole, por su parte comió un delicioso pastel de fresas que supo compartir.



Luego caminamos rumbo a casa, tomados de la mano, por un bello camino de piedras que concluía en la iglesia del pueblo. Ese instante fue interesante para que el alimento de esa noche tuviera su lógico mecanismo de digestión. Así, una vez llegado a casa, me senté en mi cama, respire profundamente con la mirada perdida por unos pocos segundos, saque mi zapato izquierdo y, con lógica consecuencia, el derecho. En similares movimientos, saque mi media izquierda, y luego la derecha, colocándolas dentro de sus respectivos zapatos. En su lugar, mis pies aceptaron las pantuflas que esperaban tranquilas al costado de mi cama. Ordene a Chole que se acostara, y cuando se encontraba tapada por su gigantesca sabana, la tape aun más y dándole un beso en su frente le desee dulces sueños.



Sin nada más que hacer para sentirme cómodo, procedí al baño, donde concluiría con el destino esperado de la comida de esa noche. Sabía que era abundante.



Me senté y espere, con gran dolor e incertidumbre, ya que nada pasaba. Debí sacarme la camisa, ya que empezaba a tener calor. Debido a esto, también abrí el ventanal, que se encontraba sobre mi pared derecha, a la altura donde permanecía mi cabeza. Esto también ayudaba a renovar el aire, que se veía perturbado por gases propios. Afuera solo se veía la luna, gigante en ese día, donde mis ojos reposaban mientras permanecía sentado, como si redescubriera en aquella oportunidad, en esa bola efímera, una compañera pasajera que siempre subestime.

No permanecía derrotado ante el fracaso. Cambiaba las posiciones, lograba hacer muchísima fuerza, masajeaba la zona abdominal en movimientos descendentes, elevaba las rodillas hasta el pecho y hasta llegue a pegarme golpes de puño en el estomago, pero solo reavivaban el dolor.
Saque mis pantalones, que se encontraban arrastrados en el suelo sujetando ambas piernas y los tire con acertada puntería sobre una silla pegada a la bañera. El calor desaparecía, y prevalecía ahora el frío de este gran baño. Cerraba la ventana y la luna me despedía. Ahora quedaba solo.

Con un calzón dificultando mi andar, busque un libro en la biblioteca de la casa, la divina comedia, y leí tres páginas sin mucho interés.

Ya durmiéndome sobre mis rodillas, casi sin quererlo, algo pequeño se desprendió de mi ano. Era muy diminuto, insignificante, pero por lo menos era un comienzo. Sabía que algo se estaba engendrando detrás de esa pequeñez, y que ese seria el momento donde debía juntar todas mis fuerzas para poder dar por concluida esa maldita noche.
En verdad, este es un momento que en general disfruto mucho, pero en esta oportunidad lo padecía. Llegue a tener ganas de llorar y suplicar piedad ante mi dolor estomacal. Mis ruegos parecen haber sido escuchados, no se si por Dios (me cuesta creer que estime una suplica de estas características), pero por alguna deidad seguro, ya que mientras gritaba con agonizante dolor “Dios mío, ayudame”, algo gigante empezaba a salir. En ese momento supe que no podía escatimar en esfuerzo y acompañe la caída con fuerza descomunal. Pocas veces apliqué mi energía para llegar a hacer tanta fuerza.



Mi trasero se veía en su totalidad salpicado por el agua, como quien moja su cara luego de un caluroso esfuerzo. Costo, pero el momento finalmente llego. Y el alivio se mezclo con un silencio tranquilizador en el aire.
No anhelaba nada más que estar en mi cama, pero en verdad no podía moverme, había consumido muchas energías y debía descansar. Sabía que ya había vencido el primer obstáculo, y que si quería, podía continuar defecando y lo lograría con éxito. Pero realmente ya no tenía más ganas, y aunque tuviera más en mi interior, con lo despedido era suficiente para dormir bien.
Me levante con movimientos veloces, como si concentrara la poca fuerza que me quedaba para ese momento, y comencé a limpiarme en el bidet. Me seque suavemente, ya que esa zona se encontraba un tanto irritada, y levante mi calzón, hasta alcanzar la altura requerida. Giré para tirar la cadena, pero mi movimiento se detuvo ante el estupor de ver el tamaño de aquel trozo fecal (llamado sorete, a partir de este momento). Era realmente grueso ese sorete, un tanto más que la medida de un choclo. Y la longitud era aun más asombrosa, un trozo se posaba sobre la superficie seca, de punta a punta, mientras otro pedazo de igual tamaño yacía sobre el fondo del agua. Podía notarse un marrón claro por debajo del agua, y un marrón oscuro por fuera.
Debo admitir que lo mire un rato largo antes de tirar la cadena, pero lo hice. Tire la cadena mientras veía como aquel sorete se reía de mí sin querer moverse. Espere unos segundos para que vuelva a llenarse de agua la mochila e insistí. Pero nada parecía inquietarlo.

Me fui dándole tiempo al agua misma para que ayude en esta feroz guerra. Con un tiempo a solas, el agua lo ablandaría y al volver a tirar la cadena se partiría como el Titanic y por fin no quedarían rastros de aquella nefasta noche.


Fui a dormir tranquilo. Más tranquilo que nunca.


CONTINUARA...

Leopoldo

domingo, 27 de septiembre de 2009

Manifestaciones del alma

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Siempre mire con atención la relación entre el cuerpo y el alma... ¿Qué lugar ocupa el alma en un cuerpo? ¿Abarca cada silueta o reposa inmóvil en un solo lugar, como el cerebro, el corazón o un dedo gordo? Lo que sí se es que se manifiesta constantemente, encuentra en el cuerpo una puerta para salir al otro lado, ¿Pero por dónde?

La teoría más ordinaria dice que a través de los ojos se ve el alma, y es verdad. Mientras más de cerca se miren los dos cuerpos, más cerca se puede ver el alma. Hasta llegó a darme miedo notar que a esa distancia todas las personas se ven iguales. Julio Cortazar agregaba éste momento en el capítulo 7 de Rayuela: “Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos”.

También se puede pensar que el alma emerge de la boca en cada susurro, cada aliento, cada palabra. Es la máxima expresión de uno: el habla. Constantin Stanislavski decía que cada palabra y hasta cada letra tenía una forma y un cuerpo que expresaban muchas cosas, y estas mínimas palabras contenían una forma espiritual: “¿No notan ustedes que esas olas vocales llevan consigo partículas de ustedes? No son vocales vacías, tienen un contenido espiritual”.

¿Pero que pasaría con una persona muda? Las manos son quizás el mayor centro energético del cuerpo. Expresan cada necesidad, y son las que llevan la vida cotidiana. Si cerramos los ojos puedo sentir el alma en una caricia. Pero si nos desnudamos y nos mimetizamos piel con piel, puedo sentir el alma en todo el cuerpo.

Llego a la conclusión de que el alma se siente incómoda en un cuerpo y busca escapar por cualquier lugar que encuentre, la mirada, las manos, la voz, la sangre o la transpiración... cualquiera que sea. Sería bueno no atarla tanto a nosotros y dejarla salir un poco más.



Leopoldo
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viernes, 25 de septiembre de 2009

Desde el tren del sur

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Estas palabras me llegaron por mensaje de texto el 1 de febrero de 2008:

"El sol de bronce acaricia los techos de las últimas casas. Una vieja sale a la puerta para cruzar su mirada con la de mil desconocidos que aglomeran su vida en un instante. El potrero, los perros, los niños que ya son viejos en una nostalgia que no me pertenece. Es la magia del tren del sur..."

Lo bueno también puede escribirse en un celular...

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lunes, 14 de septiembre de 2009

La playa infinita

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Dos muchachos tomaban una cerveza en el silencio de una playa desierta hasta que el rubio interrumpió y dijo:
-¿Conoces algo más infinito que el mar?
El morocho se arrojo hacia atrás hasta descansar su espalda en la arena y le respondió:
-El cielo me parece más infinito.
Continuaron un rato más en silencio hasta que la botella vacía los echó de aquella playa infinita.


Leopoldo
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martes, 8 de septiembre de 2009

Las fuertes huellas de Alfonsina

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Por la blanda arena que lame el mar
Su pequeña huella no vuelve más
Un sendero solo de pena y silencio llegó
Hasta el agua profunda un sendero solo
De penas mudas llegó hasta la espuma.

Sabe Dios qué angustia te acompañó
Qué dolores viejos calló tu voz
Para recostarte arrullada en el canto
De las caracolas marinas la canción que canta
En el fondo oscuro del mar la caracola.

Te vas Alfonsina con tu soledad
¿Qué poemas nuevosFuíste a buscar?
Una voz antigüa de viento y de sal
Te requiebra el alma y la está llevando
Y te vas hacia allá como en sueños
Dormida, AlfonsinaVestida de mar.

Cinco sirenitas te llevarán
Por caminos de algas y de coral
Y fosforescentes caballos marinos harán
Una ronda a tu lado y los habitantes
Del agua van a jugar pronto a tu lado.

Bájame la lámpara un poco más
Déjame que duerma nodriza, en paz
Y si llama él no le digas que estoy
Dile que Alfonsina no vuelve y si llama él
No le digas nunca que estoy di que me he ido.

Te vas Alfonsina con tu soledad
¿Qué poemas nuevosFueste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
Te requiebra el alma y la está llevando
Y te vas hacia allá como en sueños
Dormida, AlfonsinaVestida de mar.

Alfonsina y el mar


Compuesto por Ariel Ramirez y Felix Luna, este tema que recuerda el trágico final de la escritora, ha sido interpetado por grandes músicos como Andrés Calamaro, Mercedes Sosa, Luis Salinas, Jairo, José Carreras, Shakira, Alfredo Kraus y varios otros dispersos por el mundo.






Alfonsina fue operada de un cáncer de mama el 20 de mayo de 1935, marcándola hasta el final de sus días. Desde siempre, era depresiva, paranoica y sufría ataques de nervios, pero esta enfermedad potenció todos sus problemas. Se volvió reservada y cauta con las relaciones.
En octubre del ´38, viaja a Mar del Plata y el martes 25 deja su habitación con pasos firmes hacia el mar. A medida que el mar se subía besando sus piernas, los problemas desaparecían y nacía la muerte más recordada de la literatura argentina.



Antes, había escrito dos cartas. Una a su hijo Alejandro, y un poema de despedida al diario La Nación:

Dientes de flores, cofia de rocío, manos de hierbas, tú, nodriza fina, tenme puestas las sábanas terrosas y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. Pónme una lámpara a la cabecera, una constelación, la que te guste, todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes, te acuna un pie celeste desde arriba y un pájaro te traza unos compases para que te olvides.

Gracias... Ah, un encargo, si él llama nuevamente por teléfonole dices que no insista, que he salido..."


domingo, 30 de agosto de 2009

Fragmento de Rayuela (capítulo 7)

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Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.





El capítulo 7 de Rayuela es uno de los pocos textos que tiene tanto peso en su virtuosidad, que logra autonomía por sobre la obra.
Es también conocido como Los Cíclopes, y describe como pocos el breve y eterno instante de un beso.
Rayuela fue escrita en 1963 por el escritor argentino Julio Cortázar, y constituye una de las obras centrales del boom latinoamericano.







Diego Kogan, director de teatro
MI EXPERIENCIA CON ESTA OBRA




“En el ´94 se cumplían diez años de la muerte de Cortazar y se lanzaron una serie de actividades, y entre ellas, salió la idea de hacer Rayuela en el teatro. Llamaron a mi padre Jaime Kogan para dirigirla y a Ricardo Monti para adaptar el texto, mientras yo me encargaba de la asistencia.
Ricardo viajó a Francia para pedirle la autorización a Aurora Bernardez, la viuda de Cortazar, que la leyó, le gustó y nos dio el visto bueno, y luego estuvo presente en el estreno en el Payró.
Hicimos una temporada entera y viajamos a España para hacerla. La crítica y la gente elogiaba mucho la obra.
El escenario era increíble. De punta a punta estaba lleno de arena, incluyendo las butacas de los espectadores, que siempre salían con arena en los zapatos.
Una de las anécdotas más lindas que recuerdo fue un día que nos quedamos sin luz. Volvía y se iba, así que decidimos parar la función porque los equipos se iban a arruinar. Pero entre todos, incluyendo el público, decidimos prender todas las velas que teníamos, que eran muchas, ya que la escenografía llevaba algunas. Fue muy loco la complicidad con la gente. La obra siguió solo con la luz de las velas, que mezcladas con la arena creaba un clima alucinante. Ese día aplaudieron más que nunca”.